Asilah tiene una historia que se remonta a los fenicios, y ha sido influenciada por diversas civilizaciones, incluidos los romanos, árabes y portugueses. En el siglo XV, los portugueses fortificaron la ciudad, y las murallas que construyeron aún se pueden ver hoy en día, proporcionando un telón de fondo histórico fascinante para explorar.
Estando en Tánger tuvimos la oportunidad de visitar Asilah, una preciosa ciudad marinera situada a unos 45 kilómetros al suroeste, a orillas del Atlántico, que en verano se convierte en lugar de vacaciones de muchos marroquíes.
De camino a Asilah bordeamos la costa de Tánger, donde apreciamos extensas playas, humedales y grupos de ovejas pastando.
Asilah en un día
Puerta Bab El Kasbah
Bab El Kasbah es una de las principales puertas de la medina de Asilah, construida originalmente durante la época de la ocupación portuguesa en el siglo XV. Las murallas y puertas de la medina fueron diseñadas para proteger la ciudad de invasiones y ataques, y han sido testigos de numerosos eventos históricos a lo largo de los siglos.
Bab El Kasbah no solo es una entrada a la medina, sino también un símbolo del patrimonio cultural de Asilah. La puerta ha sido restaurada y mantenida a lo largo de los años, y hoy en día sigue siendo un punto de referencia importante tanto para los habitantes locales como para los turistas.
Torre El Kamra
Aunque la Medina es el centro de la ciudad, ya en el exterior se pueden ver personas caminando, turismo, venta de productos locales…
Tras pasar la Gran Mezquita (que estaba en obras), llegamos a la Torre El Kamra, que tuvo un origen defensivo y fue construida por portugueses que llegaron a ocupar el lugar en 1471.
Mezquita
Muy cerca encontramos una de las tantas mezquitas que se pueden encontrar en la Medina; la entrada a la mezquita nos muestra detalles muy bonitos en su arco.
Medina
Después seguimos curioseando por sus calles, que están llenas de encanto, con tiendas de coloridas alfombras, ropa, antigüedades, comida…

La vida en la Medina transcurre como en cualquier parte del mundo, con niños corriendo y jugando al fútbol.
Y descubrimos que Asilah es un festival de colores azules y verdes en sus puertas y ventanas, que contrastan con la blancura de muros y paredes.


Lo que más nos llamó la atención es que cada ventana o puerta tiene su forma y, sobre todo, su propio encanto.


Además de ventanas también hay muchos balcones, arcos, detalles en las puertas… Durante el recorrido, Farid nos contó que esta Medina es la más limpia de todo Marruecos y así lo percibimos.
Murallas
Así llegamos a la calle que da al mar; desde allí se puede ver a la gente caminando por la playa o mojándose los pies y en el fondo pacientes pescadores esperando tener suerte sobre un espigón.
Las murallas que rodean la medina ofrecen vistas impresionantes del océano Atlántico y son un lugar ideal para pasear al atardecer.
Mirador
Al final del paseo hay un mirador desde el que se tienen unas magníficas vistas de la ciudad, y que se ha convertido en punto de encuentro tanto de locales como de visitantes para pasar la tarde y ver la puesta de sol.
Desde este mirador se ve un precioso cementerio con tumbas decoradas con azulejos de cerámica. Las tumbas se encuentran al modo tradicional mirando a la Meca; nos llamó mucho la atención que del cementerio sale una escalera que baja a las olas de la playa, lo que no sabemos es si tiene algún significado espiritual.
Arte en la Medina
Continuamos nuestro recorrido y seguimos asombrándonos a cada instante con los colores del lugar, pero sobre todo de la tranquilidad que da el recorrer cada callejuela de la Medina.
También pudimos ver algunas paredes con bonitas pinturas que se van cambiando cada año, como parte de un programa para exaltar el arte.

Y entonces vimos una pared decorada profusamente muy distinta a las que habíamos visto hasta ese momento. El estilo era entre pintura y escritura, muy distinto a lo que habíamos visto hasta entonces.
Farid, nuestro incansable guía, nos indicó que se trataba del taller de trabajo de un calígrafo. Por suerte, pudimos entrar para admirar sus obras y ver in situ sus instrumentos y su técnica en un trabajo que estaba realizando, realmente es un apasionado de la caligrafía.
Puerta Bab Al Homar
Bab Al Homar, también conocida como la «Puerta Roja», es una de las puertas principales de las murallas de Asilah. La puerta y las murallas circundantes fueron construidas durante el período de la ocupación portuguesa en el siglo XV, aunque han sido renovadas y mantenidas a lo largo de los años. Las fortificaciones se diseñaron para proteger la ciudad de los ataques y las invasiones, y Bab Al Homar desempeñó un papel crucial como punto de entrada y salida.

La arquitectura de Bab Al Homar refleja una combinación de influencias islámicas y portuguesas. La puerta está construida en piedra y presenta un arco de medio punto, característico de la arquitectura portuguesa. Las murallas adyacentes están fortificadas con torres de vigilancia y almenas, que añaden un aire defensivo a la estructura.
Cómo llegar
Asilah es fácilmente accesible desde Tánger, que tiene un aeropuerto internacional. Puedes llegar a Asilah en tren, autobús o taxi desde Tánger, con un viaje que dura aproximadamente una hora. La ciudad es pequeña y se puede explorar a pie, lo que la hace perfecta para un viaje relajado.
Gastronomía de Asilah
Nada más llegar ya se respira el ambiente marino, y por la hora a la que llegamos, el primer contacto que tuvimos fue con algunos habitantes del mar, pero servidos en platos.
Este banquete lo pudimos degustar en Casa García, uno de los mejores restaurantes de la localidad, con especialidad en pescados y mariscos frescos. Su dueño, el español Antonio García, nos sorprendió con una degustación de diversos manjares como boquerones en vinagre y fritos, centollo, salpicón de mariscos, chopitos, gambas cocidas, almejas a la marinera… ¡Dudábamos si estábamos en Marruecos o seguíamos en España! Y, de postre, unas riquísimas naranjas con canela.




El final perfecto para una fantástica comida que nos puso en condiciones de recorrer todos los rincones de Asilah.
Y con este bonito recuerdo terminamos nuestro recorrido por Asilah. Sin duda, una pequeña joya que merece la pena descubrir si vais a Tánger. Nosotros esperamos poder seguir viendo las maravillas del norte del país en otras visitas.
¡¡Hasta el próximo post!!
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