Wamba es un pequeño pueblo de la comarca de Montes Torozos, en la provincia de Valladolid, a unos 20 kilómetros al oeste de la capital. Es el único lugar de España que comienza por W, aunque hasta el año 1910 su nombre fue Bamba.

Este nombre proviene del rey visigodo Wamba, que fue proclamado monarca en la localidad, que hasta ese momento se llamaba Gérticos, tras la muerte de Recesvinto. Si estás organizando una escapada cerca de la capital vallisoletana o te atrae el turismo “dark” este sitio es ideal.

El origen de Wamba se remonta al mundo visigodo. Aunque el pueblo en ese entonces se conocía como Gérticos, tras la muerte del rey Recesvinto en el año 672, se eligió como sucesor en esta villa al monarca Wamba (de ahí el nombre actual del lugar). Con el paso de los siglos, Wamba fue escenario de múltiples transformaciones políticas, religiosas y arquitectónicas.

En los años 50 del siglo XX, el doctor Gregorio Marañón, con permiso de las autoridades locales, retiró huesos humanos (se habla de dos camiones)para que sus alumnos pudieran hacer prácticas en la Facultad de Medicina. Solo se dejaron “unos 3.000” restos en el osario. Esta acción generó controversia y dejó una marca permanente en la historia de Wamba.

El mayor atractivo de Wamba es la iglesia parroquial de Santa María de la O, cuyo nombre hace referencia a la Virgen María a punto de dar a luz al Mesías, y que es una de las más antiguas de toda la provincia de Valladolid. De origen visigótico, predominan en ella los estilos mozárabe, ya que fue construida por monjes que llegaron desde Al-Andalus en el siglo X, y románico, cuando el edificio pasó a manos de los Caballeros Hospitalarios de la Orden de San Juan de Jerusalén en el siglo XII, pasando a ser un hospital de peregrinos.

Visita al osario de Wamba

La visita comienza con una detallada descripción de la nave central, en la que se aprecia claramente el estilo mozárabe en la cabecera de tres ábsides con arcos de herradura.

Visita al osario de Wamba

En el muro del ábside central, tras lo que fue el altar, hay restos de una espectacular decoración geométrica en rojo y negro con animales; data del siglo X. En el ábside de la derecha, unos capiteles con motivos vegetales y grupos de nueve puntos.

Siguiendo en la nave central, destacan los capiteles románicos de las columnas, que narran escenas bíblicas, comenzando por Adán y Eva, siguiendo por los oficios terrenales a los que se tuvo que dedicar el hombre tras la expulsión del paraíso y terminando con el pesaje de las almas y el demonio en forma de basilisco.

Visita al osario de Wamba

También se pueden ver restos de una pintura flamenca del siglo XV en la que se representa la Visitación de Santa Isabel, madre de San juan Bautista, a su prima la Virgen María.

Enfrente, está el retablo de la Epifanía, anónimo del siglo XVI y de influencia flamenca como el anterior. Bajo él se encuentra el sepulcro de Andrés de Arroyo y su esposa.

La visita continúa atravesando una puerta lateral con la cruz de Malta, de ocho puntas, en su parte superior. A la derecha queda la capilla de Doña Urraca, con restos de pinturas murales góticas en las que aún se aprecian escenas del bautismo de Jesucristo.

Llama mucho la atención una deteriorada columna con nervaduras en el techo dando la impresión de ser una palmera; por ello, es llamada el árbol de la vida.

Visita al osario de Wamba

También hay un baptisterio.

​Pero la iglesia aún guarda más tesoros. Atravesando otra puerta, se accede a un claustro rodeado de pequeñas capillas que no se pueden visitar, en el que se pueden ver tres tumbas, una de las cuales, la que tiene tapa, se dice que fue la de Recesvinto. 

En una de las mencionadas capillas, está la mayor de las sorpresas: el osario. Se trata del único visitable en España, un conjunto de calaveras y otros huesos, pertenecientes a monjes y enfermos del hospital.

Hubo hasta más de 3000 en su origen, dispuestos de forma ordenada cubriendo paredes y el techo en un inicio; a mediados del siglo XX, el mismísimo Gregorio Marañón se llevó dos camiones llenos de estos huesos para los estudios de los alumnos de la facultad de Medicina, de la que era catedrático.

Visita al osario de Wamba

Aunque no era el primer osario que veíamos, ¡nos entraron escalofríos al sentirnos observados por tantas calaveras!

Y de esta tétrica forma concluye la visita al interior de la iglesia de Santa María de Wamba. De nuevo en el exterior, se puede ver otro ejemplo de románico en la portada, que fue añadida en el siglo XII, con decoración de rostros de personas y animales.

En la galería porticada hay una ventana sobre la cual se puede apreciar otra cruz de Malta.

La forma de conocer el Osario de Wamba es mediante una genial visita guiada que dura más de una hora por todas las interesantísimas explicaciones del responsable. En 2018, esta visita tiene un coste simbólico de 2 euros por persona, que se destinan a labores de mantenimiento del lugar.

El horario para realizar esta visita es de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 durante el verano; en invierno hay que concertarla previamente contactando con la oficina de turismo de Wamba.

Además, Wamba forma parte de rutas locales (por ejemplo, rutas históricas entre Tordesillas y otros núcleos), así que puedes trazar itinerarios que integren varios puntos de interés cercanos.

  • Torrelobatón: pueblo con castillo medieval, muy cercano y muy recomendable para completar la jornada.
  • San Cebrián de Mazote: iglesia mozárabe del siglo X con espectaculares elementos arquitectónicos prerrománicos y pinturas murales.
  • Monasterio de la Santa Espina: edificio religioso en la zona que aporta un contrapunto arquitectónico monumental.
  • Urueña y Villagarcía de Campos: encantadores pueblos con patrimonio medieval, museos literarios, patrimonio rural y buenas opciones de paseo.

El osario de Wamba es uno de esos rincones que no dejan indiferente al viajero: mezcla de fe, muerte y memoria, embutido en un pueblo modesto, accesible y cargado de historia. Más allá del escalofrío inicial, la visita invita a introspección, a valorar lo efímero del existir y a admirar cómo las piedras y huesos cuentan historias. Si estás por Valladolid, haz una escapada hasta Wamba: no solo para “ver huesos”, sino para entender cómo los pueblos pequeños guardan secretos que superan su tamaño.

¿Te animas a hacer la visita al osario de Wamba y descubrir todo el patrimonio que esconde?

¡¡Hasta el próximo post!!

Rebeca Gavilán Yela
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