Los búnkeres de Canfranc forman parte de la Línea Pirineos o Línea P, que constituye la obra de ingeniería militar más grande de España y la mayor obra defensiva construida en Europa después de la II Guerra Mundial. Fue construida por miles de soldados y trabajadores forzados entre los años 1944 y 1959 ante el temor de Franco a una posible invasión francesa a través de los Pirineos que nunca ocurrió.

La obra abarca toda la cordillera montañosa desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo, por lo que también hay algunas estructuras defensivas en el País Vasco y en la zona catalana de La Junquera.

Hay que mencionar que, aunque se denomine a todas las construcciones con la palabra genérica búnker, son en realidad observatorios, casamatas y nidos de ametralladora.

La ruta de búnkeres de Canfranc discurre por un frondoso bosque de árboles como hayas, pinos y acacias, y muestra diversas posiciones de hormigón armado, permitiendo admirar naturaleza, patrimonio e historia a partes iguales.

Sin entrar en consideraciones militares, que no nos gustan y no entendemos, nosotros hicimos la ruta para observar la arquitectura bélica, que nos despierta mucha curiosidad, y disfrutar del paisaje pirenaico que siempre nos entusiasma.

La ruta comienza en Canfranc-Estación, muy cerca de la antigua estación internacional de tren, actualmente reconvertida desde 2023 en un elegante hotel de lujo con un restaurante estrella Michelín ubicado en un vagón de tren.

búnkeres de Canfranc

Tras aparcar el coche junto a la oficina de turismo, nos dirigimos caminando para iniciar la ruta en un sendero que parte de la central hidroeléctrica de Canal Roya. Hay un mapa en el que se pueden ver dos núcleos defensivos: uno más cercano a Canfranc y otro más alejado en una zona elevada (Picauvé).

búnkeres de Canfranc

A los pocos metros ya encontramos las primeras construcciones junto a un panel explicativo.

Después pasamos por encima de un pequeño puente bajo en cual están las antiguas vías del tren y seguimos viendo estructuras, pudiendo entrar a una de ellas.

búnkeres de Canfranc

Seguimos el recorrido y pasamos por la bonita cascada del Barranco de Samán y la Fuente de la Herradura, que no tenía mucha agua en ese momento (un mes de julio).

Poco después pasamos en Barranco de Epifanio y llegamos al refugio abandonado de la Casita Blanca, situado a 1310 metros de altitud. En su origen fue uno de los varios viveros que existieron desde los que se procedía a la repoblación forestal de las laderas montañosas para evitar aludes. Desde este punto se tiene una bonita vista del conjunto ferroviario de Canfranc, aunque cuando nosotros fuimos, todo estaba cubierto por árboles y vegetación.

búnkeres de Canfranc

Seguimos caminando y pasamos el Barranco de Cargates, en el que hubo otro vivero además de varios diques, el refugio de Picauvé y llegamos a la pradera de Picauvé a 1450 metros de altitud. Desde aquí se tiene acceso a varias estructuras defensivas, tal y como se muestra en un panel explicativo, que están muy bien conservadas.

búnkeres de Canfranc

Incluso pudimos entrar a una de ellas.

Desde este punto se tienen vistas espectaculares del conjunto ferroviario de Canfranc y de las montañas, pudiendo divisarse hacia el norte el Fuerte de Coll de Ladrones.

Llegar hasta aquí nos llevó unas 2 horas de caminata tranquila y paradas para tomar fotos. Aunque la ruta se puede hacer circular para regresar a Canfranc-Estación (por el antiguo puente de Roldán), nosotros preferimos volver sobre nuestros pasos, pues hicimos el recorrido por la tarde y no queríamos quedarnos sin luz por no conocer la zona ni estar acostumbrados a la montaña.

Al regreso, aún tuvimos tiempo para ver la Torre de la Espelunca, del siglo XVI, y la Torre de Fusileros, del siglo XIX.

búnkeres de Canfranc

Aunque se trata de una ruta sencilla y de corta duración, siempre hay que tener en cuenta algunos consejos básicos:

  • Llevar ropa y calzado adecuados para montaña, además de un abrigo o impermeable aunque la ruta se haga en verano, pues el tiempo puede cambiar con rapidez.
  • El terreno es irregular y las estructuras no están preparadas para una visita cómoda, por lo que hay que tener prudencia y responsabilidad para evitar accidentes.
  • No subirse a las estructuras y, si se entra en alguna, hacerlo con cuidado. Hay que aprender a proteger el patrimonio histórico.
  • Respetar la naturaleza y dejar el lugar limpio, llevándonos la posible basura que generemos.

La ruta de búnkeres de Canfranc es un viaje por la memoria y el paisaje de los Pirineos, donde naturaleza y patrimonio militar se combinan para ofrecer una experiencia imborrable. Recorrer los restos de la Línea P permite comprender la magnitud de una obra defensiva que marcó la posguerra española, invitando a reflexionar sobre el pasado y a valorar la riqueza natural y cultural de este enclave privilegiado de la provincia de Huesca.

¡¡Hasta el próximo post!!

Rebeca Gavilán Yela
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