Oña, población burgalesa muy vinculada a los orígenes de la primitiva Castilla, es una villa condal situada a orillas del río Oca, afluente del Ebro. Fundada en el año 950 por el conde Fernán González, Oña pronto se convirtió en un centro de poder y espiritualidad con la fundación del Monasterio de San Salvador por su nieto, Sancho García, en el año 1011. Este monasterio benedictino también fue un centro cultural y educativo de gran renombre durante la Edad Media, atrayendo a figuras históricas como El Cid Campeador.

A lo largo del tiempo, Oña fue un lugar relevante en la consolidación del Reino de Castilla y ha conservado un valioso patrimonio monumental y cultural, siendo declarada Conjunto Histórico en 1999. Actualmente forma parte de la mancomunidad Raíces de Castilla junto con Frías y Poza de la Sal.

Construida entre los siglos XII y XVI, esta iglesia tiene una bonita portada del siglo XIII, ejemplo de transición del románico al gótico. La torre gótica de San Juan era el antiguo campanario que estaba adosado a la iglesia, y actualmente alberga el Museo de la Resina; la industria resinera aprovechaba los pinares del entorno cercano y fue una actividad muy arraigada en la villa.

La muralla fue construida durante el siglo XIII para incluir los nuevos barrios que surgieron como consecuencia del crecimiento urbano; nunca tuvo una función defensiva. Hoy en día se conservan restos en la calle Ronda, sirviendo de base a edificaciones modernas.

Oña

El Arco de la Estrella, situado junto a la iglesia de San Juan, es una de las tres puestas de acceso que tuvo la villa amurallada.

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La judería se desarrolló a partir de la actual calle Barruso, contando con unas pocas familias que nunca ocuparon un barrio separado, sino que se mezclaron con los cristianos.

El Monasterio de San Salvador de Oña fue fundado por el conde castellano Sancho García, nieto de Fernán González, en el año 1011, y en 1033 pasó a manos de monjes benedictinos. Fue uno de los más importantes de Castilla y sufrió grandes reformas en los siglos XVII y XVIII.

En la fachada barroca del siglo XVII se ven varias hornacinas con las estatuas de los condes y reyes custodiados en los panteones de la iglesia: los condes don Sancho García y García Sánchez, y los reyes Sancho II el Fuerte de Castilla y Sancho el Mayor de Navarra.

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Adosada a la pared lateral del Monasterio, una larga escalinata da acceso a la Iglesia Abacial de San Salvador, que conserva algunos elementos de la primitiva iglesia románica del siglo XI. En ella sobresalen el pórtico exterior y el claustro.

Otros puntos destacados son la Capilla Mayor, el camarín de San Íñigo, los sepulcros reales y condales, el órgano y la sacristía, entre otros.

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Nos llamó la atención el Fresco de Santa María Egipciaca, del siglo XIV. Está dedicado a Santa María de Egipto, que llevó una vida disoluta hasta que, tras una peregrinación a Jerusalén, se volvió asceta y vivió en el desierto alejada del mundo. El fresco tuvo una función didáctica.

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El monasterio es escenario de El Cronicón de Oña, una representación teatral que se celebra cada año en los días cercanos al 15 de agosto. En ella, un centenar de vecinos de la villa representan la historia de la fundación del monasterio y los sucesos de los condes y reyes de Castilla en los siglos XI y XII.

La visita al monasterio merece mucho la pena, pues el interior de la iglesia es espectacular. Tiene un coste de 4€ en 2025 y se puede descargar una audioguía en el móvil. También existe la posibilidad de visita guiada por 5€ en 2025.

En estos jardines, creados por los monjes benedictinos en el siglo XVI como lugar de esparcimiento y huertas, encontramos varios estanques que canalizan la llamada Ría de Oña, que nace del manantial de Valdoso. Fueron construidos también por los mojes para servir como criadero de truchas, debido  la importancia que tenía el pescado en la dieta monacal. ¡Aún hoy en día se puede ver alguna!

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El paseo es una delicia. Aquí está la Gruta de San José, un pequeño eremitorio excavado en la roca que servía de refugio a los monjes en sus paseos por los jardines.

También encontramos el centro de interpretación Casa del Parque Montes Obarenes – San Zadornil, en una construcción donde los monjes tenían la producción de leche y carne en la planta baja, pajar para el ganado en la primera planta y almacén de provisiones para el invierno en la segunda planta. Junto a este edificio parte un sendero que lleva a la ermita de Santo Toribio.

Son varias las casas blasonadas y recién restauradas que se pueden ver por las calles de la villa. Algunos ejemplos están en los números 2 y 3 de la calle Agua.

En este lugar se puede aprender sobre la historia de la villa de Oña desde la Prehistoria hasta nuestros días, sobre la historia del Monasterio de San Salvador y cómo era la vida de los monjes benedictinos. La visita se realiza accediendo a la web de Museos Vivos en la que, siguiendo las instrucciones, se obtendrá un código de acceso para abrir la puerta.

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El paseo del río Oca es un agradable trayecto que recorre parte del desfiladero de la Horadada, aprovechando el antiguo trazado del ferrocarril Santander-Mediterráneo. Se comienza en la antigua estación de tren en dirección norte y se llega hasta el cruce con la carretera N232 en un recorrido de ida y vuelta de unos 3 kilómetros en total que termina en la carretera que conduce a Villanueva de los Montes. El recorrido es precioso, con pasarelas que atraviesan el río Oca.

Si hay más ganas, se puede continuar por el sendero de los miradores de Oña SLC-BU107.

Visitar Oña es como hacer un viaje al corazón de la historia castellana. Este tranquilo pueblo burgalés, cargado de patrimonio y rodeado de naturaleza, invita a disfrutar sin prisas, a dejarse sorprender por sus leyendas y a sumergirse en la autenticidad de la España rural.

¡¡Hasta el próximo post!!

Rebeca Gavilán Yela
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