Un fin de semana de noviembre decidimos ir a conocer el Valle del Jerte desde la perspectiva otoñal. Ya lo conocíamos en primavera, cuando los cerezos están en flor, pero decidimos verlos con sus colores otoñales, ya que habíamos escuchado que también son preciosos. ¡La experiencia no nos defraudó!
Llegamos por la carretera N-110 al puerto de Tornavacas, donde está el Mirador del Valle del Jerte, en el límite entre las provincias de Ávila y Cáceres. Ya desde allí tuvimos unas espléndidas vistas:
Seguimos bajando por el valle y, en cada curva de la carretera, podíamos apreciar cómo cada árbol estaba teñido de ocre, una espectáculo para la vista.
Valle del Jerte otoñada
No nos pudimos resistir a ver de cerca los cerezos y caminar entre ellos para apreciar sus colores rojos; es algo que nos llamó mucho la atención, cómo en primavera está todo blanco y en otoño todo rojo.
Este año se está celebrando la #OtoñodadelJerte en su XV edición, un evento que ofrece, durante un mes, actividades de ocio, cultura, deporte, arte, gastronomía y también al aire libre para disfrutar del otoño.
Estas actividades no tienen una fecha exacta, ya que se define cada año, por lo que recomendamos consultar la web de la Sociedad para la promoción y desarrollo del valle del Jerte, donde se publica el programa con las fechas y actividades que se realizan durante toda la otoñada.
Para hacerse una idea de cómo se ve el valle en otoño, aquí dejamos este  vídeo:

Después continuamos por la misma carretera admirando los paisajes y pueblos que encontramos a nuestro paso: Tornavacas, Jerte… Precisamente justo antes de llegar a este, paramos en el mismo restaurante en que estuvimos nuestra primera vez, y degustamos unos menús típicamente extremeños: migas del pastor y trucha escabechada o judías blancas y caldereta de Jerte; de postre, ¡mousse de cereza!

Después nos desviamos hacia Torremenga de la Vera, donde vimos mucha vegetación vestida de rojo.

Valle del Jerte otoñada

Y continuamos por algunos pueblos de la comarca de la Vera, como Jaraíz de la Vera con su Museo del Pimentón, Garganta La Olla con su famosa piscina natural Las Piletillas (que no tenía mucha agua por la persistente sequía de ese momento), Cuacos de Yuste y Jarandilla de la Vera.

Valle del Jerte otoñada

Nos detenemos en estos dos últimos para comentar algunos de sus lugares más representativos. En Cuacos de Yuste tenemos, además del monasterio de San Jerónimo de Yuste, famoso porque allí pasó sus últimos días el emperador Carlos I de España y V de Alemania, la encantadora plaza Fuente de los Chorros o la iglesia Nuestra Señora de la Asunción.

También una gran escultura de homenaje a Carlos V, realizada por un famoso artista mexicano, al comienzo de la carretera que lleva al monasterio.

En esta misma carretera, antes de llegar al monasterio, hay un curioso cementerio militar alemán, en el que descansan soldados alemanes caídos cerca de España durante la I y II Guerras Mundiales.

En Jarandilla de la Vera destaca el castillo de los Condes de Oropesa, actual Parador, la iglesia de Nuestra Señora de la Torre, el museo de los Escobazos (fiesta típica en diciembre) y el puente romano de El Parral, sobre la garganta de Jaranda que también hace las veces de piscina natural en verano.

Valle del Jerte otoñada

Hay que mencionar que hicimos el camino contrario a la Ruta del Emperador, que fue desde Jarandilla de la Vera hasta el monasterio de Yuste, pasando por Aldeanueva. A principios de febrero tiene lugar una ruta senderista que recrea el camino que hizo Carlos V, declarada Fiesta de Interés Turístico de Extremadura.

Por otra parte, señalar que  la comarca de la Vera es zona de gargantas, hasta un total de 47, por lo que también es buena opción planificar una ruta para verlas o incluso darse un chapuzón en verano.

Pero volviendo a nuestro recorrido, tras hacer noche en Jarandilla de la Vera, tomamos fuerzas con unos buenos embutidos veratos.

Y después decidimos añadir algo de cultura a nuestra ruta, así que fuimos a visitar la ciudad romana de Cáparra y el pueblo abandonado de Granadilla.

Cáparra fue una ciudad principalmente comercial, situada en plena Vía de la Plata que, de hecho, la atraviesa. Para conocerla completamente, primero hay que ver los paneles explicativos del centro de interpretación, así como un corto vídeo, y después salir a recorrer los restos que se conservan. Fuera del perímetro de la ciudad, que estaba amurallada, se puede ver una tumba y lo que fue el anfiteatro.

Caparra

A continuación hay que caminar hasta donde estuvo la muralla, de la que se intuyen los dos bastiones defensivos de la puerta sureste.

Y ya se entra en la ciudad, que conserva ruinas de domus, foro, termas (una pena que estén cubiertas por una estructura para verlas desde arriba, porque resulta difícil apreciar la parte del hypocaustum o sistema de circulación de aire caliente por debajo del suelo).

El principal atractivo de la ciudad, y símbolo de la misma, es el arco tetrápilo (constituido por 4 puertas), ubicado en el centro geométrico y atravesado por la Vía de la Plata, que era el decumanus máximus  (calle con orientación este-oeste que cruza perpendicularmente al cardus maximus con orientación norte-sur en las ciudades romanas).

A la derecha se encuentra el miliario de Nerón (con inscripciones acerca del emperador de la época y distancias a otras localidades) y a la izquierda los restos de la calzada (Vía de la Plata).

Después pusimos rumbo a Granadilla, a unos 15 minutos desde Zarza de Granadilla. Se trata de un pueblo que fue abandonado en la década de los 60 del siglo XX tras declararse inundable a causa de la construcción del embalse de Gabriel y Galán. Fue declarado conjunto histórico-artístico en 1980.

Granadilla

Destacan la muralla almohade del siglo XI y el castillo de los duques de Alba del siglo XV, rehabilitados al igual que una parte del pueblo, como la plaza mayor y algunas casas señoriales.

Pero, desde nuestro punto de vista, el mayor atractivo del pueblo es precisamente la parte que no está restaurada, ya que conserva el aire original, incluso misterioso de las construcciones en estado de ruinas.

Granadilla

Se puede subir tanto a las murallas como al castillo para apreciar las vistas desde las alturas. Pero, cómo no, nos quedamos con la vista desde el dron, que es espectacular:

O si se quedaron con ganas de ver la ciudad desde el aire no dejen de ver este vídeo:

Y así terminamos nuestra pequeña ruta de fin de semana por el valle del Jerte y alrededores en otoño. Ojalá el próximo año podamos añadir más lugares para ver en esta estación tan colorida.

¡¡Hasta el próximo post!!

Valle del Jerte otoñada 2018
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