El cementerio de San Isidro data de 1811, siendo el cementerio vivo más antiguo de Madrid, y ha sido declarado Bien de Interés Cultural. 
En febrero de 2017 pudimos asistir a una visita guiada especial por San Valentín, en la que, junto a explicaciones de las historias de amor (en el sentido amplio de la palabra) que hay detrás de algunas tumbas, se leen poesías de importantes autores como Julio Salinas, Pablo Neruda, Gloria Fuertes o Gioconda Belli.
La visita se centró en el Patio 4º o de la Purísima Concepción; los patios más antiguos están en restauración.
Al entrar en el cementerio, se camina por un paseo recién remodelado, en el que ya se pueden ver verdaderas obras de arte (en el Patio del Carmen), como un espectacular panteón neogótico que el arquitecto José Banús, promotor de los archifamosos Puerto Banús y del Valle de los Caídos, le regaló a su entonces novia Pilar Calvo.
Visitas Guiadas al Cementerio de San Isidro
Al llegar al Patio 4º, nos encontramos con un jardín romántico en el que destaca la tumba de “las Sin Sombrero”. El acto de quitarse el sombrero en la época en la que vivieron estas mujeres (dictadura de Primo de Rivera) era un acto de rebeldía. Entre ellas estaban Margarita Gil Roësset, que se enamoró de Juan Ramón Jiménez aunque no fue correspondida, su prima Marisa Roësset, y Lola Rodríguez Aragón; estas dos últimas fueron pareja, aunque su historia de amor pasó desapercibida en la sociedad de la época, lo que les permitió vivir su historia de amor sin incidentes, ya que la homosexualidad se castigaba con pena de cárcel durante el franquismo.
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Más adelante, podemos ver una tumba con el nombre de José Canalejas, aunque él no se encuentra en ella, sino en el Panteón de los Hombres Ilustres en Atocha. Canalejas tuvo dos esposas, María Saint-Aubin, con la que no tuvo hijos, y Purificación Fernández y Cadenas, con la que tuvo 6. La primera es famosa por haberle salvado de la muerte pues, viajando en el primer vagón del expreso de Irún, tuvo un mal presentimiento y solicitó el cambio de billetes de ambos para ir en el último vagón; el presentimiento se convirtió en realidad ya que el tren chocó frontalmente con otro. Cuenta la leyenda que Canalejas recogió de la tumba de ella una pulsera que él le había regalado y que la llevó puesta durante mucho tiempo después. Con su segunda esposa,  vivió mucho tiempo sin casarse, incluso 4 de sus 6 de sus hijos nacieron fuera del matrimonio. José Canalejas fue asesinado en Madrid.
Siguiendo con el recorrido, nos paramos en la tumba de Consuelo Vello Cano, cupletista llamada La Fornarina. Fue ella quien cantó El último cuplé aunque la película la protagonizase Sara Montiel. Tuvo una vida muy intensa ligada a José Juan Cadenas, y murió muy joven, a los 31 años por problemas de salud. Pidió ser enterrada en el cementerio más alegre de Madrid.
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Continuando el paseo, pasamos por el impresionante Panteón de la Familia Guirao antes de llegar a nuestra siguiente tumba. Esta es la del niño Gonzalo, que murió con apenas 25 meses, y que está decorada con los pequeños detalles que la gente le va dejando, tal vez para compensar su temprana muerte o que esté fuera del panteón familiar, ya que, cuando el pequeño falleció, aún no estaba construido.
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Proseguimos y llegamos a un lugar con nichos, entre los cuales destaca uno con una emotiva imagen: una niña que sube al cielo desde su camita. Se trata de Ana García de Osma, Anita, a la que se adivina que sus padres adoraban y que les dejó cuando no tenía ni 3 años. Es imposible no emocionarse.
Después llegamos al panteón de Francisca Agüero y Juan Prim. En realidad, Juan Prim ya no descansa aquí, ya que fue trasladado a Reus, donde nació, y el panteón pasó a ser de la Familia Muñoz Escrivá de Romaní; Francisca sí que sigue en él. La historia que hay detrás de estos personajes es la de un militar y una señorita cuya madre no aprobaba la relación por no considerarle adecuado para su hija. Finalmente cedió y la pareja se casó y vivió feliz hasta que Juan Prim fue asesinado en Madrid.
La siguiente visita es a la tumba de María Josefa Pérez de Soto Vallejo y Víctor Peñasco Castellana. No se trata de una pareja famosa, pero no por ello deja de tener una historia de amor detrás de ella. Ambos jóvenes contrajeron matrimonio y, al proceder de familias muy acaudaladas, la madre de él les dio todo el dinero que quisieran para celebrar su luna de miel durante más de un año, con la sola condición de no cogieran barcos a causa de un mal presentimiento. Todo fue bien y los jóvenes cumplieron su promesa hasta que llegaron a París y se encontraron con la atracción del momento: la inminente salida del Titanic. No pudieron resistirse y compraron pasajes de primera clase. Estando en un cementerio, ya nos podemos imaginar que alguien murió… en este caso Víctor, ya que en aquél entonces se imponía lo de “mujeres y niños primero” y Josefa pudo sobrevivir en uno de los botes salvavidas.
Ya casi estamos terminando nuestro recorrido cuando llegamos a uno de los dos panteones cuyo interior tenemos la suerte de poder ver, gracias a que las familias propietarias tienen la amabilidad de abrir sus puertas. El primer panteón es el de los Duques de Denia, Ángela de Medinaceli y Luis de León y Cataumber (que, en realidad, tenían unos apellidos más largos y rimbombantes). Fue una pareja que se casó tarde, ella con 66 años y él con 56, pero muy enamorada. Tanto es así que él encargó este gran panteón cuando ella falleció, que por aquel entonces tenía las mejores vistas. Dentro hay dos magníficas esculturas que representan a los esposos, obra del famoso escultor español Mariano Benlliure. Parece ser que el panteón inicial contaba, en el exterior, con una complicada escultura ascendente, obra también de Benlliure, que fue destruido en la Guerra Civil, quedando el mausoleo tal y como se ve en la actualidad.
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Y finalizamos con el segundo panteón abierto para la ocasión, el de la Familia de la Gándara. Si por fuera es bonito, por dentro es imponente. Gran admiración despierta el ángel (o ángela) de mármol de Carrara blanco del interior, obra del escultor italiano Giulio Monteverde. Pero las 4 esculturas del exterior representando las 3 virtudes teologales (Fe, Esperanza y Caridad) y la Religión son también fascinantes. Pero, yendo a la historia de amor que está detrás de este monumento, primero identificaremos a los Marqueses de la Gándara: se trata de Joaquín de la Gándara y Navarro y de su esposa Rosa de Plazaola y Limonta; él fue primero militar, después un ferroviario famoso por conseguir acortar el trayecto en tren Madrid-Lisboa a 17 horas, toda una proeza para la época; ella tenía el título de Princesa de Signano. La primera hija de los marqueses, Blanca, murió a la temprana edad de 8 años, y dispusieron este panteón para acogerla y a ellos mismos cuando falleciesen.
Gracias a que se conserva el documento original del contrato para la ejecución de la obra, se sabe que el ángel estaba destinado en homenaje al marqués, y después tenía que haber habido otras dos figuras en conmemoración de la niña y de la madre. Nunca llegaron a realizarse, probablemente por las grandes dimensiones del ángel. Aun así, este panteón está considerado como la “joya” del cementerio, y es una verdadera suerte poder admirar su interior.
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Y aquí finaliza la espectacular visita guiada que pudimos disfrutar en la Sacramental de San Isidro. Una experiencia diferente y que recomendamos encarecidamente. Tal vez nos estemos aficionando al arte funerario…
¡¡Hasta el próximo post!!
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