A Guarda es un bonito pueblo pesquero  situado en el punto más meridional de la provincia de Pontevedra, junto a la desembocadura del río Miño que hace de frontera natural con Portugal.

La zona estuvo poblada desde la Prehistoria, encontrándose numerosos restos por toda la comarca. Posteriormente, se desarrolló la cultura castreña de origen celta, que terminó con la invasión romana. Más adelante, en el siglo XVII, A Guarda perteneció al reino de Portugal  aunque solamente durante 3 años. Y, ya en la época moderna, hacia mediados del siglo XIX, se produjo un movimiento migratorio hacia América para hacer fortuna. Hoy en día, la localidad conserva un bonito casco histórico y un colorido puerto pesquero que la convierten en visita imprescindible.

Qué ver en A Guarda

Castillo de Santa Cruz

Fue construido en el punto más alto de la villa, como parte del sistema defensivo que se levantó en el tramo final del río Miño durante la Guerra de Restauración entre España y Portugal en el siglo XVII; para ello se utilizaron piedras de la muralla medieval que defendía la villa. Los portugueses lo ocuparon en 1665 durante 3 años, hasta que la guerra terminó en 1668 con la independencia lusa. Años más tarde, en 1809, fue ocupado unos meses por los franceses y posteriormente fue abandonado hasta que pasó a manos privadas en el siglo XIX y finalmente al municipio en el siglo XX.

La fortaleza es de planta trapezoidal y tiene 4 baluartes con garitas de vigilancia: Santa Tecla, de la Guía, de la Cruz y de San Sebastián, así como 2 puertas de acceso: Puerta de la Villa y Puerta del Socorro. Además, en el Baluarte de la Guía hay una roca con petroglifos. En la antigüedad tuvo un foso, pero hoy apenas se conservan unos pocos vestigios.

A Guarda

Actualmente, el castillo es Bien de Interés Cultural y en su interior hay un pequeño jardín botánico con varias especies de árboles centenarios; también se ha construido un Centro de Interpretación sobre fortalezas abaluartadas transfronterizas, que solo abre los fines de semana.

La visita al castillo es libre y gratuita, aunque tiene horario. Nosotros lo conocimos con una de las visitas guiadas, también gratuitas, que realiza la oficina de turismo.

Plaza Mayor y Torre del Reloj

En la plaza se celebraban los mercados medievales, ya que era el centro de la vida cotidiana junto con el puerto. Adosada al Ayuntamiento está la Torre del Reloj, que formaba parte de la muralla medieval y protegía uno de los accesos a la villa.

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Iglesia de Santa María

La actual iglesia parroquial data de una antigua románica reformada en el siglo XVI. La fachada principal es barroca y la torre se añadió en el siglo XIX.

En su interior destaca el retablo mayor, del siglo XVIII, dedicado a la Asunción de la Virgen María, y el Altar de las Ánimas con el Cristo Crucificado.

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Restos de muralla

En la calle Muro encontramos el tramo más largo de muralla medieval, en el que estaba la Puerta del Monte, que daba acceso al mar; en la calle Ireira se conserva otro tramo. Fue derribada en el siglo XVII para la construcción del castillo.

Puerto pesquero

El puerto es una de las imágenes más bonitas y características de A Guarda, con sus casitas de colores. Tiene multitud de restaurantes y terrazas en los que disfrutar de la gastronomía local. Tiene unas preciosas vistas de las puestas de sol.

En el puerto está el antiguo Convento de San Benito, del siglo XVI, que estuvo regentado por monjas benedictinas hasta 1983; actualmente se ha transformado en hotel y restaurante.

Del puerto salen dos rutas para caminar: la Senda Litoral hacia el sur y la Ruta de las Cetáreas hacia el norte.

Mural y Museo del Mar

En el espigón del puerto de A Guarda se puede ver un mural, llamado A Guarda Escrita nas Estrelas; tomando el muro como si fuera un cielo estrellado, se añadieron elementos marítimos, tan íntimamente relacionados con la localidad, como crustáceos, aves o un barco. El mural fue pintado en el año 2018 por voluntarios locales y tiene como símbolo un ovni con el lema A Guarda is alive.

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Muy cerca se encuentra el Museo del Mar, en la réplica de una antigua atalaya construida por los portugueses en 1665. Como su nombre indica, contiene objetos relacionados con el mar, como útiles de pesca utilizados por los marineros de la villa y una gran colección de conchas. Nosotros no pudimos visitarlo porque solo abre los fines de semana y festivos.

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Ruta de casas indianas

Estas casas fueron edificadas en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX por los emigrantes que volvieron de Puerto Rico, República Dominicana y Brasil. Se caracterizan por la utilización de azulejos y la mayoría están situadas en el casco urbano. Solo se pueden ver por fuera, puesto que se trata de propiedades privadas, a excepción del Centro Cultural. Nosotros buscamos las que nos parecieron las más bonitas, como la Villa Borinquen de color verde, la Casa de Eloy Domínguez Veiga de color azul celeste, la Casa de Manuel Alonso Sobrino de color teja, y el Centro Cultural.

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Ruta de las cetáreas

Las cetáreas son antiguos viveros construidos a finales del siglo XIX y principios del XX, con gruesos muros levantados sobre la roca para mantener el marisco vivo antes de su venta; podían llegar a albergar hasta dos mil kilos de crustáceos, como langostas o bogavantes. La ruta tiene casi 5 kilómetros de longitud y en ella se pueden conocer las 4 cetáreas que se conservan: hacia el sur A Grelo y hacia el norte Portiño, Redonda y Altiña.

Nosotros no conocíamos la existencia de las cetáreas y nos parecieron unas construcciones muy interesantes e incluso bonitas. Sin duda, recomendamos esta ruta para conocer una parte de las antiguas tradiciones marineras de la localidad. Un dato a tener en cuenta es que cuanto más baja sea la marea, mayor extensión de estas sorprendentes estructuras quedará al descubierto.

Ruta de las cetáreas A Guarda

Salinas romanas de O Seixal

Fueron construidas en la primera mitad del siglo I d.C. coincidiendo con la ocupación del castro de Santa Tecla, y habrían formado parte de uno de los mayores complejos de explotación de sal marina de todo el imperio romano, extendiéndose junto con otras salinas a lo largo de la costa atlántica. La producción de sal tenía gran importancia en la época romana, ya que la salazón del pescado era un método de conserva muy utilizado.

Hoy en día se pueden ver 10 estanques de salinización que estaban separados entre sí por muros levantados con pequeñas losas, en los que se producía la fase final de cristalización de la sal; previamente, el agua de mar habría pasado por otros tanques, que hoy no se conservan, para ir concentrando la sal la sal. Las salinas fueron abandonadas en el siglo IV d. C.

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A las salinas se llega caminando por la Senda Litoral, a unos 2 kilómetros desde el puerto hacia la desembocadura del río Miño.

Estuario del Miño

La desembocadura del Miño en el Atlántico es uno de los lugares imprescindibles a conocer estando en A Guarda. La confluencia de aguas dulces y saladas forma un espacio natural de gran valor, que está considerado como uno de los humedales más importantes de la Península y es hábitat para varias especies de aves; de hecho, existen dos observatorios y una ruta ornitológica para los que disfruten con este tipo de actividades.

Nosotros dejamos el coche en uno de los varios aparcamientos existentes, en el de la playa de Santa Tecla, y fuimos caminando por una pasarela de madera junto a la playa, llegando hasta el hotel O Muiño, donde hay otra zona de aparcamiento. Se puede pasar un agradable rato de descanso en la orilla o incluso atreverse a meter los pies en el agua más que fría… Enfrente, a poca distancia, se aprecia claramente la localidad portuguesa de Caminha.

Castro Santa Tecla o Santa Trega

Este castro, ubicado en el monte del mismo nombre y cuyo origen data del siglo IV a.C., es uno de los lugares más emblemáticos de Galicia. Los restos de sus características viviendas circulares constituyen un gran descubrimiento arqueológico; una de las viviendas ha sido reconstruida para dar una idea de cómo era la vida en la cultura castreña.

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Desde del castro parte un vía crucis compuesto por grandes cruces de piedra que llega hasta la cima del monte, donde están la ermita de Santa Tecla, construida entre los siglos XII y XVI, el museo arqueológico MASAT, que exhibe gran parte de las piezas encontradas en el castro, un mirador, un restaurante e incluso un hotel.

Todo el conjunto del monte fue declarado Monumento Histórico Artístico en el año 1931. Desde el castro se tiene una maravillosa vista del estuario del Miño.

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Pero para ver mejor la forma de castro les dejamos esta foto aérea para que puedas ver la forma que tenían sus casas.

Castro Santa Tecla o Santa Trega

Qué comer y dónde

Comer en A Guarda es una delicia, sobre todo para los amantes de los productos del mar, pues hay todo tipo de pescados y mariscos. En el puerto se encuentran multitud de restaurantes donde poder degustar gran variedad de platos marineros, como arroces o mariscadas.

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Alrededores

Hay muchos lugares interesantes para conocer en las cercanías e A Guardia. Nosotros fuimos a los siguientes:

  • Ruta de los Muiños do Folón e do Picón, de acceso libre y gratuito, sin horario.
  • Monasterio de Oia, con visita guiada y de pago; la iglesia sí se puede conocer gratis.
  • Petroglifos de A Cabeciña, de acceso libre y gratuito, sin horario.

No muy lejos también están las localidades de Tui y Baiona.

Por otra parte, la localidad portuguesa de Caminha está justo enfrente, al otro lado del Miño, y se puede ir en ferry.

Nos encantó nuestra estancia en A Guarda con todo lo que pudimos ver.

¡¡Hasta el próximo post!!